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Relato de la autora Vanessa Sosa – Los Mártires no saben Nadar con Salvavidas

«Tus ojos, lágrimas y rezos me protegen. Devastadora Ilusión. Demencia durmiente de mis albores de seda. Soy uno contigo».

En la recámara de mis huesos astados, persiste el eco, que confabula a los solariegos de mis entrañas. Quiera Él que ejecute lo desbocado. Quiera Él que monte el mundo desde estos predestinados ejes cardinales. Esa mantra que no abandona a mis testas de cristal.

Doy un sorbo a tu savia vitae, tan azul como un firmamento que reverdece en lo pútrido que reviste las pieles sumisas de las criaturas que parí. Trecemesinos. Soy el amado. Persisto en la línea de la vida; rebeldía de las colas de cerdo que asoman en cada santificada pared de su existencia.

Abro el armario del magnánimo; beso su miembro; unto su anatomía y lo abrigo con las cortinas que brotan de mi velo. Los gusanos de seda, juegos en mis hombros; él se retuerce. Tú me visitas desde el centro de mi existencia. Me susurras al oído que no renazca en el miedo que perdura entre nosotros.

En el hoy que es hoy. En el mañana que es mañana. En la tarde que es tarde recito tus génesis. Persisto en el éxtasis. Las visiones, los heraldos de Amor por amor a mis moradas. En esta vez veo a un edificio sonriente, beso el ectoplasma de tu anatomía. Terso tu ombligo y devoro los restos que me ofrece. 

Suena la campanilla de plata que cuelga de mi cintura, junto a lo curtido de mi athame y las tres cabezas cuyos labios son la delicia de mi reino interior. Textuales son las apariciones que entreveo en el ojo de mi edén. Tiento al orgullo, redirecciono tus principios ante el poniente. Enfrasco recuerdos dentro de recuerdos, dentro de recuerdos. Trabajo para tu causa.

En mi morada, el velo que me arropa te envuelve. Mi desnudez perpetua por tus noches de esmeraldas. Soy el principio del fin. Ente silente de tus abismos de nácar. Estoy aquí, ahora. En el ayer, hoy, mañana. Te busco, te anuncio; resuena tu voz en mi testa como el trueno dentro de un trueno de tambores de escarlatas.

Danzo en mis sueños para ti. Mis suelos de mándalas redescubren nuestros principios y fines. Un espectro. Las notas que perlan tus ojos y las cuentas con las que perdono al dios astado sólo huyen ante mis almas de piedras preciosas.

Alzo mi cabeza. Te veo. Te escudo. Te anuncio. Hoy te venero. Hacemos el Amor en nuestras memorias. Mentes pasadas, presentes, futuras. Escribo a tu conjunción de astros, delato tu existencia. Mis rostros pintados con el lema de tu protección me dan una razón para existir.

Soy el astado encerrado en esta anquilosada anatomía. Un instrumento de tu paz. De tu hegemonía. 

Una pulga, jején, ladilla, gusano, piojo que raya con delicias de susurros. 

Una pulga, jején, ladilla, gusano, piojo que entona los cánticos con los que estremeces mi existencia demolida.

Una pulga, jején, ladilla, gusano, piojo que se escuda en el centro de mi pecho como crecientes lunares.

Nuestros amatorios ecos liberan al universo. Montamos el mundo con tu voz y mi existencia destellada, amistad entre las liendras de nuestras cabezas. Principios y fines desolados. Un vientre distendido me anunció en forma de cuentas de lluvia.

Genuino sonido de maracas. Envalentona la búsqueda entre nuestras etéreas corporeidades. Nuestra etérea corporeidad hace el amor con las estrellas. Hacemos el Amor con el sigilo que pintamos con henna en nuestras ramas.

Gris verdor en mis muñecas. Rosadas mejillas en las estelas de mis brumas. Ejecuto tu monólogo de hambre. Revisto al regente de mis sueños. Ese al que siempre puedo soñar en mis sueños con aroma a chinches sobre plumas de cisnes y gansos. Soy el oro, mirra y tafetán que enarbolo y atisbo ante el altar de tu presencia.

Sólo soy el instrumento de tu homónima paz. Una perla de tu luz. Creciente lucero de la mañana.

Te invitamos a leer más textos de la autora aquí, en el Blog Colaborativo:

El heredero y el hijo

Vida por Vida

Monólogo de hambre

Vanessa Sosa

Mérida, Venezuela (1986). Historiadora del Arte (2018) egresada de la Universidad de Los Andes. Actualmente, ejerce como Bibliotecaria en una institución. Es  una escritora que se considera aprendiz y también autodidacta. Inició en el mundo de la escritura en el año de 2018 con pocos microcuentos y microrrelatos, que transformó después, en relatos más extensos. Se especializa en el género fantástico porque es el que más escribe, sin embargo, considera que hay mucho por mejorar.

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Relato de la autora Vanessa Sosa – Destino pintoresco

Mariposa que tejes tu telaraña de lustrosas lentejuelas; derramas lágrimas de Do-MI-La-Sol por causa de esos recién decapitados, esos con cabeza de botones de apesumbradas serpentinas.

A-E-I-O-U

Persisten en sus entrañas, de juguetes de madera, en mis recuerdos; ellos son algodón de azúcar mentolada. Rigor mortis de mis vendadas muñecas. Un abecedario destinado a los ciegos; mis ojos de vidrio, que vislumbran lo invisible y canicas con pasteles marmoleados, te desean un amistoso domingo; pan de firmeza cebada y vino de prudente cereza.

A-E-I-O-U

La serigrafía de estos angelados arcoiris; en tus cosmos de risotadas cadavericas, parten desde el vidente de tus ombligos hacia tus testas desgarradas, con espinas de notas musicales, con peines de pescados.

A-E-I-O-U

La majestad del círculos cardinales de tu lecho, tres tristes tigres mutilados, son noticias en períodicos de otroras refulgentes pasadas vidas y asfaltadas entrevías.

A-E-I-O-U

Soñadora es señal de las avenidas de tus escombros; de velas aromáticas; un roñoso silvano espectro de verbo acusativo. Poseo a las articulaciones sencillas de tus congéneres. Presente, pasado y futuro: en un conjunto de DO-Re-MI-Fa-Sol.

A-E-I-O-U

Un cifrado mensaje escrito en el cristal de una botella de coloridos génesis; de coreolis y sal de mar, de perfilado marfil y ebános sonrojados por las ácidas lluvias. Esas que rompen y recomponen a tu jaula interna; tus ahuesados principescos.

A-E-I-O-U

Quiénes te buscan, encuentran un destino pintoresco. 

Bodas de Oro.

Quiénes te buscan, encuentran un destino pintoresco. 

Lirios de Plata.

Quiénes te buscan, encuentran un destino pintoresco. 

Candelabros de Bronce.

Quiénes te buscan, encuentran un destino pintoresco. 

Colmena de Cobre.

Quiénes te buscan, encuentran un destino pintoresco.

Sillones de Acero.

A-E-I-O-U

DO-re-La-SOL

MI-Fa-RE-RE-Si.

FA-fa.

LA-Si-RE-LA.

DO-MI-DO.

Re-Re.

Vuelo de Papagayo.

Trompos de Golondrinas.

Piel de Cordero.

DO.

Re.

Mi

FA.

Sol.

LA.

Mi.

Re.

do.

A-E-I-O-U

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Monólogo de hambre

Melodías para Desconocidos y Puertas Dormidas

Pimientas de Niebla; Delfines de Plata

Vanessa Sosa

Mérida, Venezuela (1986). Historiadora del Arte (2018) egresada de la Universidad de Los Andes. Actualmente, ejerce como Bibliotecaria en una institución. Es  una escritora que se considera aprendiz y también autodidacta. Inició en el mundo de la escritura en el año de 2018 con pocos microcuentos y microrrelatos, que transformó después, en relatos más extensos. Se especializa en el género fantástico porque es el que más escribe, sin embargo, considera que hay mucho por mejorar.

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Relato de la autora Vanessa Sosa – Pimientas de Niebla; Delfines de Plata

Mi mano endiosada sesga la primera línea de la voz, voz que en decoro insta a los ciervos de céramica a pastar en esta primavera que ríe, que se asusta tan sólo al encontrarme frente a los monarcas vestidos de astros con su piel de asno comandada por lustrosos lirios y vírgenes acuarelas; un golpeteo escuda las cuchillas de mis ojos azules y grises. Heterocromia de universales sollozos. Entre tus brazos, noto un renacido lienzo que pinta solitario su propia historia. Entreveo la remembranza de los oseznos que pastan en el entremedio de la mansión que te custodia. Los espectros que se estremecen con la burla de tu presencia.

Juegan con agudos maromas, sus preseas de rocío bañan con husos horarios el centro de mis guirnaldas de piedra; ¿qué es un sinónimo de capullo sino es una flor de tomate de árbol? Un río de mensajes revienta las entrañas repletas de pasteles de carnes y verduras arropadas por tus dedos.

Trino en ultramar, y, respondes desde la lejanía con una canción que no es canción sino magma de juguetes con sabores a pimienta y atardeceres diurnos. Jazmín e Hibiscos plurales, emerguen desde mis uñas depuestas de revés.

Mis denarios de aborígenes labrados con muñecos de construcciones etéreas, pernoctan en el rito del alba que me impulsan a parir una idea plateada, libros de violáceos abismos; cicatrices de carmín de desangelado oro en mis arquitecturas fantasiosas.

Los ejes de mis cabezas duelen, los cuatro puntos cardinales gobiernan mis principios y mis fines. Turnos regentes troceados al cantar rosados poemas tejidos; cubos de tela con los que edifico oraciones de agraciadas novenas.

Quisiera ser un pájaro para sanar las heridas con aroma  a dolores solariegos, que entablan el zigzagueo de tus colas, el zigzagueo de tus colas. Una, dos, nueces veces nueve. Un pergamino halado convida la historia interminable de mi familia, esa con aroma a salvaje a decorosa rosa. Esa rosa con pétalos virgenes que nos llama cada día desde un planeta árbol vivo. Una luna de hueso, un vestido, un vestido, un vestido de significados de primigenias cejas.

Soy. 

Soy.

Soy.

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Vida por Vida

Monólogo de hambre

Melodías para Desconocidos y Puertas Dormidas

Vanessa Sosa

Mérida, Venezuela (1986). Historiadora del Arte (2018) egresada de la Universidad de Los Andes. Actualmente, ejerce como Bibliotecaria en una institución. Es  una escritora que se considera aprendiz y también autodidacta. Inició en el mundo de la escritura en el año de 2018 con pocos microcuentos y microrrelatos, que transformó después, en relatos más extensos. Se especializa en el género fantástico porque es el que más escribe, sin embargo, considera que hay mucho por mejorar.

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Relato de la autora Vanessa Sosa – Melodías para Desconocidos y Puertas Dormidas

«Esta rosa del desierto llama a la lluvia. Quien venera su presencia, acude como un condenado a sus melodías. Cada uno de los pasos que lo acercan a mí es una llamada de paraísos primigenios pese a que desconozco si lograré encontrarlo entre mis brazos para siempre. Aún perdura su estampa en este corazón que arrastra todas mis ilusiones. Mis huellas a ópera silente; porque no hay espíritu que lo pueda invocar y traerlo hasta mí».

Sus palabras susurran delineados a sol de invierno y nieve de verano. La habitación produce que su corazón latiera y lagrimeara, sin derramar una lágrima alguna. Reparte una caricia entre los barrotes; la jaula no está oxidada pero reposa en matiz bronce. Ahí perduran sus memorias. El cofre en que las ha sepultado resuena música. Melodías que silban una La crecida, que delinean un Re escrito con hilares de lana. Las Mi que hechizan los dedos que tocan sus hoscos rostros; esos revestidos con vidrioso orégano y laureles circunspectos. Delimita una forma de prestarle los ojos de sus manos. Vislumbra las alineaciones de los astros que pecan de inocentes.

El abrigo de sus rezos calma los sollozos del genuino imberbe con aroma a condenado; él matiza la arena con la que le calienta los pies. El orgullo de sus crímenes, signos de bosques y triadas de metal, esos que esgrimen una venía a sus denarios de dientes de leche y huesos de cimitarras; pigmentados con tinta indeleble para siempre en un pozo de ríos de paraísos sin final.

Él presta a callar sus sentires; él imprime sus huellas dactilares en un esbozo que musita un esgrimido de hazañas y recodos de piedras en el centro de su vesícula. Tiene hambre y viste de espejismos y cayenas. Ofrece café de uvas; pastel de zanahorias y ciruelas pasas que pastan con el rencor de las palabras mudas que se elevan, se elevan, se elevan con el futuro de los céfiros y el humo de adviento que hace el Amor con sus delicadas promesas.

Él abre la jaula. No persiste el juicio que lo condenó a vagar en la realidad sin siquiera moverse. Sus dedos se mueven, tejen un lagrimeo de lilas y árboles de lima. Las naranjas que crecen en su interior, que pare de vez en vez, de vez en vez, de vez en vez retienen los rostros infantiles de sus vástagos. Edifican pilares, consciencia con aroma a popurrí. Seda de huesos de besos. Desde el secuestro escriben una historia interminable; venenos y antídotos han trinado y sesgado a sus dominios; derrite a la razón de sus suspiros. Retira la sentencia en las nocturnas haladas que pregonan juntos; cada vez que abren las alas. Cada vez que fotografía su anatomía y la borda en el centro de su ombligo. 

Cada tanto que cuenta el tiempo que anda y, con anhelantes rezos, describe a la fantasía justo a su sangre y altares. A él acude cada vez que se equivoca en las lecciones. A él confiesa sus dolencias; la magia punza y retiene lo poco de cordura que les queda. Comparten el lecho de plumas y piojos de ganso. Sobre ellos crecen flores cristalinas; la fiereza de sus voces al llamarse sin palabras hiere a sus engaños. Jamás se abandonarán el uno al otro, el otro al uno, el uno al dos. 
Ambos son prisioneros y verdugos de su Amor, melodía decorosa que viste a la tumba de sus hilos rojos del Destino y muñecas con aroma a Sol. El otoño crece entre sus ramas: un firmamento anhelante de sal de mar. Un sueño que repite su ciclo de principio a fin con vestigios de cisnes y cigüeñas hechas de tejidos de papel. Hiela una brizna y recita la buena nueva de su historia en estos aquí y estos ahora.

Amor y dolor. Duermen y sueñan con ellos mismos; sueños de dulces cunas. Se anhelan, se quieren, con etéreo valor. Se anhelan, se quieren, con etéreo valor. Se anhelan, se quieren, con etéreo valor. Un lamento de sus ecos alcanza a rasgar el silencio que escuda sus penas que aguardan ante como monolitos colgantes de pies descalzos; ellos se abrazan, aún en la distancia. Ellos hacen el Amor siempre entre desnudadas pérdidas y reencuentros de crueldades magnánimas, tan sólo son dos soñadores radicales que se anhelan; tan sólo el firmamento y el mar que se llaman entre los bordes del tiempo. Están ahí, y se desmoronan, similares a un leve susurro; a un encanto. Un sagrado sueño que los unifica y en el que se buscan sin siquiera conocer sus nombres verdaderos.

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El heredero y el hijo

Vida por vida

Monólogo de hambre

Vanessa Sosa

Mérida, Venezuela (1986). Historiadora del Arte (2018) egresada de la Universidad de Los Andes. Actualmente, ejerce como Bibliotecaria en una institución. Es  una escritora que se considera aprendiz y también autodidacta. Inició en el mundo de la escritura en el año de 2018 con pocos microcuentos y microrrelatos, que transformó después, en relatos más extensos. Se especializa en el género fantástico porque es el que más escribe, sin embargo, considera que hay mucho por mejorar.

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Relato de la autora Vanessa Sosa – Monólogo de hambre

En esta celda en la que repaso tus huesos, tu carne astada, una rueca hila mis sentencias y cascadas. De benevolentes pieles de estrellas. 

El gusano jugó conmigo una carantoña etérea, con ella hendí mi propio abismo, urdí  un grimorio y te vi, sin una de tus cabezas depuestas.

La bala atraviesa su piel en el perfil del escamado corazón. La bala entona una balada de ídolos taciturnos.

Sumisa perla en la que pasto tus mejillas, dosificados pensares, medicinas endulzadas con hiel de menta, veneno para las hadas; colgada su piel  desde la cintura de verídicos poemas.

Un Sumidero invoca mi nombre; no puedo derrotarlo a la distancia. La caja de música en la que reposo y bailo, envuelve la morada de la pulga a la que sirvo.

Tú, en cambio, bailarina de papel de seda, fosforecencia con aroma a incienso y lustrillo, susurras lo mucho que te amo. Entonces vislumbro tus ojos de botones de esmeraldas, y, con impulso férreo, recito polen y gamuza ante tus manos; produzco la tersura de tus rostros.

El hambre, la sangre que pulsa dormida en mis venas, me insta a parlar con soliloquios pues en mis más excelsos sueños de suelos de cantos rodados, sueño con abrirte como una flor.

Y devorarte.

Vanessa Sosa

Mérida, Venezuela (1986). Historiadora del Arte (2018) egresada de la Universidad de Los Andes. Actualmente, ejerce como Bibliotecaria en una institución. Es  una escritora que se considera aprendiz y también autodidacta. Inició en el mundo de la escritura en el año de 2018 con pocos microcuentos y microrrelatos, que transformó después, en relatos más extensos. Se especializa en el género fantástico porque es el que más escribe, sin embargo, considera que hay mucho por mejorar.

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