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Poema de la autora Ana Bertha Bardales | Voces del silencio

Silencios rotos

por todo aquello que había quedado

sin ser dicho…

Recuerdos que me hablaban

susurrándome

hiriéndome…

Todo regresa

como en cámara lenta

al principio:

Las palabras del pasado bailan a mi alrededor,

palabras que son la memoria de miles:

son las voces del silencio

que lo habitan,

que se resguardan en él.

Entonces me inundan:

nostalgias, vacilaciones,

sentimientos encontrados.

El abismooooo

Esas voces que no callan,

que requieren del olvido necesario,

que se adueñan de la soledad de mi alma.

¿Remordimiento? ¿Infelicidad?

El silencio de la noche

también me habla al oído,

me obliga a caer en su sopor.

Y una puerta se abre ante mí

y al pasar el umbral caigo,

caigo,

caigo,

en un sinfín de voces,

de siluetas que

lloran,

huyen,

gritan,

sollozan,

suspiran.

Sigo su ritmo.

Me van envolviendo.

Renazco

Polifonía de voces

vivas

y

muertas

Duele el corazón de tantas penas.

Los recuerdos son esas siluetas

que matan lentamente

¿De dónde, de qué asirse?

Caigo…

La puerta se cierra,

las voces me atrapan.

Las voces polifónicas del silencio

me pierden y sumergen en su centro.

Callo… Muero.

Ana Bertha Bardales escritora

Ana Bertha Bardales

Ana Bertha Bardales (México). Licenciada en Letras Iberoamericanas (egresada de la Universidad del Claustro de Sor Juana), es escritora, correctora de estilo, lectora en voz alta, poeta y entrevistadora. También es creadora y administradora de «Letras a contraluz», al igual que creadora y tallerista del Relax Literario, un taller de lectura en voz alta y de escritura creativa. Ha realizado entrevistas a distintas personalidades de diversos ámbitos en sus Tertulias Literarias dentro de su página «Letras a contraluz». Ha sido publicada en diversas revistas digitales, como: Gatomadre Magazine (Colectivo Cultural), Revista Aion, Revista Literaria Monolito, Revista Palapronta, Revista Marabunta, Revista Nocturnario y Revista Vómito de Letras, así como en la plataforma para escritores: Donatexter, y en varias Antologías realizadas por el Colectivo Diversidad Literaria (España). En 2022, fue publicada en la Antología

«Tinta maldita» con su cuento de terror «Luna roja».

A su vez, es conductora de una sección llamada «Galaxia Ana Bertha», la cual forma parte del programa El 🌍 según Søjē Polcæm (España). 

Colaboró como redactora y correctora de estilo en los dos primeros números de la Revista Antidogma y únicamente como correctora de estilo en los números 3, 4 y 5 de esta misma revista. Trabajó como Responsable de contenido en el área de Subdirección de Estrategia Digital del INBAL (Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura). En 2022 participó en el Slam Virtual de Poesía realizado por el IFAL, obteniendo el tercer lugar en esta modalidad.

Revistas en las que la autora ha sido publicada

Revista Literaria Monolito

Gatomadre | Revista de literatura

AION.MX

Anestesia | Revista de literatura

Reseña de la novela «No solo existe el azul» de la autora Bárbara Serván Llera

Desde la más remota antigüedad, el viaje ha sido usado como metáfora de la aventura tan maravillosa como difícil que es vivir, aunque también como representación de ese otro viaje interior que todos, de alguna manera, emprendemos en busca de nosotros mismos. Existen cientos de ejemplos literarios y cinematográficos, desde La Odisea de Homero al propio Quijote, desde Easy Rider a Thelma & Louise —todas las road movies, de alguna manera, siguen este patrón—. Es un recurso brillante que permite vehicular y transmitir algunas historias de evolución, introspección o superación. El propio Camino de Santiago, al margen de las motivaciones religiosas —que en la mayoría de los casos no son las principales—, viene a mostrar esta idea. De ahí que también haya muchas novelas ambientadas en esta ruta de peregrinación.

Pues bien, esa doble vertiente del viaje metafórico (la huida en busca de un nuevo camino vital y la búsqueda de uno mismo) van de la mano en esta brillante y filosófica novela que pretendo reseñar, No solo existe el azul, ópera prima de Bárbara Serván Llera, publicada recientemente por la editorial Círculo Rojo.

La obra está narrada en primera persona por Deva, la mejor amiga de Nora. ambas de veintiún años. Deva no estaba pasando un buen momento existencial, a lo que no ayuda estar sin trabajo y con el número pi en la cuenta bancaria… Pero todo cambia cuando un buen día Nora le invita a que le acompañe en un viaje a Francia «sin fecha de vuelta»… con salida en una hora y con el objetivo de cambiar de aires. Deva acepta, y así comienza esta aventura.

Dicho y hecho. Las dos jóvenes emprenden camino desde su Extremadura natal hasta el País Vasco francés. Por supuesto, no voy a desvelar nada esencial sobre el contenido de la trama, o al menos nada que no aparezca en la sinopsis. Pero es importante comentar el quiebro, el giro, que cambia por completo la historia. Solo así se podrán hacer una idea, queridos lectores, de qué camino coge la obra. Así, a partir de su llegada a Francia, las dos jóvenes vivirán un montón de situaciones sorprendentes, hasta que de pronto sucede algo que hará tambalear sus vidas: Deva sufre un terrible accidente que le llevará a estar en coma durante un tiempo. Cuando despierta, todo ha cambiado, porque ella ha cambiado… Sus nuevas circunstancias harán que se replantee por completo su existencia. 

Por lo tanto, como ya adelantaba, se trata de la crónica de una persona —o de dos— en busca de su libertad, en busca de sí misma o, quizás, tratando de huir de sí misma. Pero, además de contar una bonita, intimista y preciosa historia, la obra contiene numerosas píldoras de sabiduría que conducen a interesantes reflexiones. Si les parece, y siempre evitando desvelar más de lo necesario, les comentaré algunas: 

«Antes del aprendizaje es necesario el caos», entendido este, o al menos así lo veo, como la ausencia de orden. Es decir, aprender, de alguna manera, es ordenar, es categorizar, establecer o asumir determinadas patrones y determinadas leyes que rigen el devenir, que marcan el orden, que rompen el caos. Y esto es más cierto aún si hablamos del aprendizaje personal o del autoconocimiento, lo que nos lleva, de nuevo, al viaje como metáfora de la búsqueda introspectiva.

«En el silencio de la humanidad solo se escucha hablar a dos tipos de locos: los que no tienen certeza de nada y los que creen saberlo todo». Así es. Ya lo dijo Sócrates con la ironía que le caracterizaba: «Solo sé que no sé nada». El sabio ateniense no quería decir realmente que no supiese nada. Más bien, quería expresar que sabía muy poco si se comparaba con lo que le faltaba por saber; y además, que ni siguiera podía estar seguro de lo que sabía. Esto, además, guarda relación con algo profundamente humano, demasiado humano: el efecto Dunning-Kruger, un sesgo cognitivo que, sintetizando, consiste en que los ineptos no calibran bien y sobreestiman sus habilidades —o conocimientos—, mientras que los competentes y sabios tienden a subestimarlas. Como la vida misma. Sea como fuere, esta brillante reflexión de Bárbara Serván Llera tiene su versión en la cultura popular y refranera —una fuente de filosofía inagotable—: «La ignorancia es muy atrevida». 

«Así que, si me ves derrumbarme, no me compadezcas, coge asiento en primera fila y observa de qué manera me levantaré esta vez». Poco que decir. Esa es la actitud.

Podría citar decenas de sentencias de este estilo, sin tener en cuenta el gran número de reflexiones y planteamientos filosóficos que la propia protagonista, Deva, se plantea a sí misma después de recuperarse del coma tras el accidente. A partir de ese momento, el libro adquiere un tono existencialista brutal que, sin remedio, recuerda a muchas de las grandes novelas de esta corriente de pensamiento, como La Náusea de Jean Paul Sartre o La peste de Albert Camus. 

Y otras muchas ideas que no se concretan en ninguna frase: lo tóxica que resulta la autocompasión o la no aceptación de que somos capaces de hacer muchas más cosas de las creemos y de salir de pozos que considerábamos especialmente hondos; lo injusto que es prejuzgar a las personas sin molestarse a conocerlas; la importancia de entender y asumir que hay que vivir la vida y llenarse de todas sus experiencias, incluidas las amargas; de expresar los sentimientos, tanto para los demás como para uno mismo; de provocar cambios si queremos cambiar, valga la redundancia, una mala situación, en vez de dejarnos seducir por la desidia y el conservadurismo; de mantener una actitud positiva y, al menos, llena de seguridad ante cualquier circunstancia vital —un ejemplo brutal, sin hacer mucho spoiler, es cuando Nora pone de moda entre la muchacha un jersey con la palabra «SATURDAY». 

De alguna manera, esta es la idea que atraviesa transversalmente la obra: la vida puede cambiar en cuestión de segundos, para bien o para mal. Este hecho obliga a tomar postura. O nos mantenemos en nuestra de zona de confort, en un vano intento por evitar posibles problemas con el exterior; o nos lanzamos a vivir la vida, asumiendo el riesgo, con una actitud optimista y con la libertad por bandera. 

Pero, sobre todo, esta obra es un canto a la amistad, lo que implica, de alguna manera, un desarrollo de lo que antes comentaba; es decir, es un canto a la vida, ya que la vida, sin amistad, no es vida. 

Les podría haber hablado, desde una perspectiva puramente formal y literaria, de la rica y descriptiva prosa que emplea la autora, de su capacidad para construir personajes complejos, ricos y poliédricos —ojo a Cedric, el «milloneti»—, de sus brillantes y genuinos diálogos o de cómo describe los ambientes en los que se desarrolla la trama; pero he preferido enfocar esta reseña en el aspecto reflexivo, que es, sin duda, lo que más me ha impactado de este pequeño gran libro. 

En resumidas cuentas, todo un viaje literario, emocional y reflexivo que se lee en un santiamén y que les llevará, si se atreven a sumergirse en sus aguas —con cuidado—, a pensar y a meditar de la mano de Deva y Nora; algo que, aunque a veces duela, siempre es sano. Eso sí, esta novela es mucho más, ya que, aparte de esta lectura más profunda y reflexiva, es muy divertida y entretenida y, por supuesto, apta para cualquier tipo de público.

PD. También he pensado siempre que Hendaya tiene nombre de Pokemon, o de personaje de un manga.

Bárbara Serván Llera

Bárbara Serván Llera nace en Mérida el 23 de marzo de 1993, es una mujer aventurera y valiente que no puede evitar viajar por realidades hipotéticas en su día a día. En la actualidad reside en Valencia después de haber vivido siete años en Suiza, ejerce como enfermera en una residencia de discapacidad mental y trabaja como acupuntora. En 2021 publicó su primera novela, «No solo existe el azul» que ya alcanza la segunda edición y en 2022 su segunda, «En algún lugar de Babilonia». Ha colaborado en la radio Canal Extremadura dirigiendo un podcast literario durante todo el verano del 2022. En la actualidad imparte talleres de escritura en la comunidad valenciana y es directora de un club de lectura en el centro de Valencia.

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Relato del autor Nicolás Vargas Rossi | La exoneración de Estelita

Mariano se despertó con el ruido del celular vibrando en la mesa de luz. Había intentado ignorarlo, pero entre las llamadas constantes y el ruido de algo que parecía un helicóptero, no pudo soportar más.

— ¿Qué pasa?

— Mariano hace una hora te estoy llamando.

— Llegué tarde anoche Sofía, ¿qué querés?

— ­Es la abuela…

— ¿Qué pasó con la abuela? ¿Está bien? ¿Cómo no me llamaste antes?

— ¡Hace una hora te estoy llamando!

— Pero respóndeme nena, ¿qué pasó con la abu?

— Mirá, necesito que te levantes y te prepares unos mates. Sentate en el sillón.

— Dale Sofi…

— Te llamo en quince, hacé eso.

Mariano vio la pantalla de su celular con la llamada finalizada, puso a calentar el agua y se tomó una aspirina para ver si le solucionaba la resaca. A veces un vaso de agua en el desierto no es mucho, pero es algo. Cuando vio que el agua demoraba y su hermana no lo llamaría en unos minutos, marcó el número de su padre.

— Pa, me acaba de llamar Sofi para decirme algo de la abuela, pero no me dijo nada.

— Hablá con ella, yo estoy con cosas, después te explico… o no, que te diga Sofía directamente.

— Pero papá… ¿hola?, ¿me cortaste?

Cuando el agua estuvo a punto, Mariano apagó la hornalla. Pasó el agua a un termo y se sentó en el sillón que estaba enfrente del televisor. Dejó las cosas arriba de la mesa ratona y esperó a que el celular sonara.

— Sofi, ya me hice el mate, explícame por favor.

— Bueno, pero no te vayas a asustar, ¿sí?

— Dale, estoy preocupado, ¿le pasó algo?, ¿voy al hospital?, ¿en cuál está?

— Mariano, primero decime que no te vas a asustar.

— No me voy a asustar.

— ¿Te acordás de cuando se murió el abuelo?

— Sí… no me digás… pero la abuela no fumaba, estaba re bien… ¿qué le paso?

— Dejame terminar si querés saber…

— Es que la hacés re larga.

— Callate por favor, escuchá, la abuela está bien, no está muerta.

— ¿Entonces para qué me decís eso del abuelo?

— Porque es más complejo, ¿te acordás lo que hizo la abuela después de lo del abuelo?

— Se cambió al departamento.

— No, antes de eso.

— Se fue de viaje a México.

— Bueno, sí, el viaje, pero se fue a Colombia.

— Sí, me acuerdo de eso, dale apurate… ¿qué carajo pasó?

­ — Bueno… es más fácil que lo veas… prendé el televisor.

— ¿El televisor?

— Sí, el televisor… dale.

— Acá está, están dando el partido del torneo.

— Poné el noticiero.

— Ahora… pará qué es eso, es el departamento de la abuela…

— Mariano, ahí te llamo, está la policía en la puerta de la casa… si te llama mamá no le atiendas, está insoportable.

El noticiero mostraba la imagen de un departamento en un piso alto del centro, apenas a unas cuadras de donde vivía Mariano. En la esquina superior derecha, debajo de las cifras que mostraban “14:23” y “22 °C”, se podía leer “En vivo”. La placa inferior decía, en letras mayúsculas y sobre un fondo rojo, “ESTELITA ATRINCHERADA”. Mariano tardó unos segundos en salir de su aturdimiento y prestar atención a la voz de la periodista: “…parece que Estela está atrincherada desde hace varias horas… no quiere salir del departamento y se ha negado a negociar con la policía, además…”.

Mariano silenció el televisor cuando vio que su celular se iluminaba y aparecía una llamada entrante de su madre. Pensó en el consejo de su hermana, pero cualquier dato era mejor que nada.

— Ma…

— Viste que esa vieja era una turra… eso fue un plus de divorciarme de tu padre. No me la tengo que aguantar más… viste que yo decía que tu primo no tenía forma de comprarse ese auto sin andar en una… ahora no estoy tan loca, ¿no?

— Mamá no tengo idea de qué me decís…

— Tu primo te digo, eso de que apareció con ese camionetón de un día para el otro, bueno seguro fue la Estelita.

— Sí eso sí, pero qué es eso de la abuela, me acabo de despertar y…

— Ay nene no me digás que no sabés nada… ves, tu padre no puede hacer ni eso…

— A ver mamá, ahí te llamo que me está llamando mi hermana — Mariano cortó una llamada y atendió la otra.

— Sofi, no entiendo nada…

— Se acaba de ir la policía, se lo llevaron a papá, el tío no aparece…

— Pero qué pasó, nadie me dice nada… ¿Cómo que se llevaron a papá?

— ¿No pusiste el noticiero?

— Sí, pero justo me llamó la mamá…

— Te dije que no le contestaras, está insoportable…

— Pero qué pasó, qué es eso del primo Santi, lo de la camioneta…

— Ah sí, a Santi lo agarraron esta mañana en el taller.

— ¿En qué taller? Si Santi no labura ni a palos…

— Claro, no labura de laburar, pero está con los negocios de la abu.

— Pero la abuela tampoco labura, a ver, tenía la fábrica de pastas, pero ya no… uy pará, ahí cambiaron la placa del noticiero “LA CAPA DE LOS RAVIOLES”. ¿Qué carajo significa eso?, Sofi.

— Nene vos tampoco sumás dos y dos…

— Es que la abuela hace unas pastas increíbles… pero no sé qué tiene que ver eso con…

— Vende droga, Mariano, la abuela vende droga… o sea “ravioles”.

— Nena qué decís, ¿cómo va a vender droga?

— Mariano, no importa eso… necesito saber algo, ¿la abuela te dio algo para firmar hace unas semanas?

— ¿Cómo que no importa? Nena estás diciendo cualquier cosa.

— Para pendejo, callate y responde.

— Es que no tiene sentido…

­ — La abuela se va todos los años de crucero, se compró un piso completo en pleno centro, me pagó la carrera y me regaló el auto cuando me recibí… No seas salame y respondeme.

— Sí, me dio unos papeles…

— Ay, no me digás que los firmaste…

— No, o sea los iba a firmar pero los quería leer y ella me estaba apurando… me hice medio el gil y me los llevé. Pero pensé que era eso de que me quería como diseñador para la fábrica de pastas, ¿te acordás que me dijo que quería ponerlo en redes sociales y eso?… pero no quiero cobrarle nada a la abu y le dije que se lo hacía gratis…

— Bueno, no, seguro que no era eso… a ver, sí te quería de diseñador, pero esos papeles eran de otra cosa… decime que no firmaste nada…

— No sé ni dónde están, ahí los busco…

— Mirá, Mariano, quemalos directamente, por ahí vos te safás porque nadie te metió nunca en nada…

— Pero pará, ¿vos también?

— Es que no conseguía trabajo y me enteré lo de la abuela porque justo escuché a papá hablando con el tío…

— Pero ¿vas a ir presa?

— No sé, por ahí no… bancame que me está llamando el abogado… no digás nada de lo que te dije.

Mariano se quedó con el celular en la mano y volvió a poner volumen en el televisor. “Miles de ciudadanos reunidos alrededor del departamento de Estelita, la capa de los ravioles. Conectamos con el móvil en la zona”. La pantalla cambió del estudio del noticiero a un periodista que se encontraba en la manifestación. “Nos encontramos entre la multitud de gente que se ha concentrado para pedir por la exoneración de Estelita, vamos a escuchar algunas de las opiniones de las personas que hay acá”. Mariano observaba, incrédulo, como el televisor mostraba a miles de personas en la calle frente al departamento de su abuela. La mayoría eran personas mayores. El periodista pidió su opinión a varios de ellos, ahora estaba entrevistando a un hombre de unos ochenta años: “Cuarenta años trabajé para este país y no tengo un mango, esta mujer es una heroína”, luego de la última palabra dejó escapar una risita celebrando la ironía. Los demás entrevistados seguían esa línea. “Es un modelo a seguir, una empresaria”, “… y qué importa si está mal… noventa y dos años tiene la señora… déjenla en paz”, “pobre señora… quiso hacer algo con el tiempo libre y le fue bien, es una emprendedora…”, “… y ahora le están mandando helicópteros llenos de policías al departamento, pero cuando te afanan en la parada del micro no hay nadie…”.

Mariano apagó el televisor y buscó los papeles, cuando los encontró, debajo de una pila de ropa sin planchar, los leyó. Al parecer, su abuela quería poner a su nombre una parte del negocio, “Los ravioles de la abuela Estela”. El muchacho sacó mentalmente la cuenta del valor que tenía la porción que su abuela le estaba dejando y quemó el papel con los ojos llenos de lágrimas. Con los papeles reducidos a una pila de cenizas, fue a abrir la ventana de su departamento y comprobó que a varias cuadras un helicóptero volaba cerca del edificio donde vivía su abuela. Sintió su celular vibrando en la mesa y atendió.

— Mamá, ¿qué pasa ahora?

— ¿Te contó tu hermana?

— Sí, me contó… pero vos la odias a la abuela desde antes.

— Pero tenía razón entonces…

— Escuchame, ma, qué es eso que me decía Sofi del viaje de la abuela hace como veinte años.

— Ah eso, sí, parece que se hizo amiga de unos narcos cuando fue a Colombia y los tipos le pusieron la plata para la fábrica de pastas si la dejaban usarla como frente para vender…

— Entonces la abuela no hizo nada, o sea, trabajaba para ellos… puede entregarlos y listo…

— Esperá nene, no interrumpás. Tu abuela, cuando vio lo que ganaban esos tipos, cortó relación y se puso una cocina acá… ¿te acordás que tu abuelo tenía el taller?

— Sí, ahí saliendo de la ciudad, en el medio de la nada…

— Claro, estaba mal posicionado para los autos, pero atendía a los camiones cerca de la ruta…

— Sí, ya sé… el Nono siempre estaba tomando mates con ellos…

— Bueno, tu abuela aprovechó, convirtió el subsuelo del taller en cocina y agarró a los amigos camioneros de tu abuelo y los puso a distribuir por todo el país…

— ¿Y el primo Santi?

— Siempre fue un inútil, pero tu abuela necesitaba alguien que pusiera la cara para algunas cuestiones…

— Ahí me está llamando Sofi, ya te llamo…

Mariano cortó la llamada. En realidad, su hermana le había mandado un mensaje de texto, pero sabía que cuando su madre mencionaba a Santiago se dedicaba a insultarlo media hora. Abrió el mensaje de su hermana y leyó “haceme una videollamada desde la compu, creo que me intervinieron la línea”. Cuando el rostro de su hermana apareció en la pantalla, Mariano notó que estaba nerviosa.

— Creo que no safo, Mariano, firmé muchas cosas y no puedo justificar ni la mitad de mis gastos, no me van a creer que no sabía nada. ¿Quemaste lo que te dije?

— Sí Sofi, ¿pero estás segura?

— No te preocupés, estábamos jugando con fuego y nos quemamos… ¿viste esto?

Mariano abrió el link que su hermana había enviado por el chat. Abrió los ojos muy grandes y Sofía dejó escapar una risa.

— Tu cara es impagable Mariano.

— Esto es increíble “#ExonerenAEstelita”. No lo puedo creer…

— Uy, pará, poné la tele ya…

Mariano prendió el televisor, tirándose medio mate hirviendo arriba de la pierna en el proceso.

— Sofía, qué está haciendo la abuela…

— Salió al balcón, parece que está insultando a los policías del helicóptero…

— ¿No tendrá frío con un camisón nada más? Se va a resfriar…

— Claro, eso es lo preocupante en este momento, que se resfríe.

— No, ya sé, pero igual es grande…

— Mariano, mirá lo que tiene en la mano la abuela…

— ¿Qué es? No llego a ver… parece una pera.

— Es una granada, Mariano… no, no, no, no…

— Uy, se la largó al helicóptero.

Por la ventana, Mariano vio como a varias cuadras de distancia se levantaba una columna de humo.

Nicolás Vargas Rossi

Nicolás Vargas nació en 1993 en la Provincia de Mendoza, Argentina. Es Licenciado en Letras de la Universidad Nacional de Cuyo, investigador y escritor. Su obra se centra en cuentos y novelas. Los primeros son publicados semanalmente en internet a través de la red social Medium y generalmente poseen temáticas realistas, costumbristas o fantásticas. Las novelas se encuentran sin publicar y varían entre la ciencia ficción y la fantasía.

¡Ediciones Glasgow te invitamos a seguir a Nicolás en sus redes sociales y enterarte de sus próximas publicaciones!

Entrevista al escritor Sebastián Panzl

Para Ediciones Glasgow es vital que los escritores y la comunidad literaria se acerquen y conecten entre sí, por lo que hoy tenemos el placer de presentarles en la sección de Entrevistas una charla con el escritor uruguayo Sebastián Panzl, autor de libros como la novela histórica Muñecas en el río.

¿Qué te motivó a convertirte en escritor y cuándo supiste que querías dedicarte a la escritura?

Soy periodista y trabajé algunos años en redacciones, en lo que en la jerga se llama información caliente: política, sesiones parlamentarias. Pero al poco tiempo abandoné ese tipo de periodismo y surgieron historias de tiempos lentos que me motivaron a escribir libros. No sé por qué me convertí en escritor, pero supongo que tendrá que ver con que siempre me gustó que me contaran historias y llegó un momento en que quise narrarlas yo. Mi familia vivió en varios departamentos del Uruguay y recuerdo los domingos de sobremesa y anécdotas. Me interesa mucho nutrirme del relato oral, impreciso, casi siempre exagerado. Por eso cuando investigo un tema me interesa mucho saber cómo narran sus propias historias, por ejemplo los parroquianos de un boliche de campaña.

¿Hay algún autor o autora que haya influido de manera significativa en tu escritura?

No tengo un autor de referencia que surja a mi memoria, pero en los últimos dos años he leído mucho a la entrerriana Selva Almada. Me ha cautivado muchísimo esa literatura que recoge la esencia del litoral. Muñecas en el río es mi último libro y la historia sucede en las islas del río Negro, tan cerca de Argentina. En varios libros de Selva Almada, y en particular en No es un río, me atraparon los detalles que logra la autora sobre la cultura que rodea a los ríos interiores.

¿Cuál es tu opinión sobre la importancia de la literatura en la sociedad actual? ¿Cómo crees que puede influir en la vida de las personas?

Observo con alegría que la literatura oficia como un sitio de reunión, de debate y creación. Abundan los clubes de lectura, las lecturas en los bares, las presentaciones que aportan valor. Me encantan las lecturas en voz alta porque la forma en que consumimos literatura hoy en día (en general en silencio, resguardados en nuestros livings) es una absoluta novedad. Desde el origen de los tiempos se leyó en compañía y me interesa mucho prestar atención a los eventos alrededor de los textos. Creo que a nadie le cuesta esfuerzo hallar obras de muchísima calidad en nuestros días alrededor de la literatura uruguaya en todos los géneros.

¿Has experimentado algún bloqueo creativo en tu carrera? En caso afirmativo, ¿cómo lo superaste?

He experimentado bloqueos y de hecho estoy saliendo de uno. Hacía un tiempo no escribía y lo tomé con naturalidad. No tenía ganas de escribir y no escribí. Me dediqué a leer, sin apuro. Escribir es una experiencia disfrutable, pero también puede ser una pesadilla buscar un tono para narrar una historia cuando sencillamente no aparece.

¿Cuáles son tus proyectos o metas futuras como escritor?

Estoy trabajando en un ensayo acerca del fin de la lobería en Cabo Polonio. He visitado varias veces el pueblo fuera de temporada, explorando el fin del oficio, uno de los más antiguos de la Banda Oriental.

Créditos de fotografía a quien corresponda.

Sebastián Panzl

Sebastián Panzl Hitategui (1986) se crió en Las Piedras, Canelones. Es periodista y escritor, licenciado en Comunicación Social por la Universidad Católica del Uruguay. Como periodista, ha trabajado en Canal 4, Últimas Noticias, El País y El Observador en las coberturas de la actualidad política.

Ha publicado a través del sello Planeta cuatro libros de no ficción en diferentes contextos históricos: ¡Tiren, cobardes! Uruguayos en la Segunda Guerra Mundial; Fusilados y verdugos. Historia de la pena de muerte en Uruguay; Cartas desde las trincheras. Los uruguayos en la primera guerra mundial; y Muñecas en el río. El crimen de la isla del infante.

Es profesor de periodismo en la Universidad Católica del Uruguay.

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Muñecas en el rio | Sebastian Panzl
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Entrevista al escritor Jonathan Córdoba Fallas

En Ediciones Glasgow celebramos que cada pluma independiente esté cada vez más presente en internet y se convierta en aliento nuevo para la literatura actual, por eso, nuestra intención con la sección de Entrevistas es aportar con un granito de arena y seguir apoyando con todo el amor literario. A continuación, presentamos la entrevista al autor costarricense Jonathan Córdoba Fallas, un colega y amigo al que apreciamos, como a cada autor que presentamos aquí.

Cuéntanos un poco sobre tus obras publicadas

Comencé en 2019 con El Libro de Jönas y luego Relatos de terror en lugares ordinarios, en 2020 publiqué El Tercer Libro y en 2021 El terror nunca estuvo tan cerca. Mi último libro salió en 2022 y se llama El exorcismo de Hortensia Harrison y otros cuentos. Soy un escritor autopublicado donde yo realizo todo el proceso de producción salvo la impresión, pues recurro a alguna imprenta local o Amazon. Todos son libros con relatos de terror, sin embargo el último se diferencia de los demás por ser historias más extensas, llegando a cuentos cortos.

¿Cómo vives el género del terror al compartirlo con tu familia?

Por dicha a mi esposa no le desagrada el género y a mis hijos les encanta, entonces ellos se involucran también en el proceso. Además, ¡amamos la temporada de Halloween!

¿Quiénes fueron tus héroes del pasado y quiénes lo son hoy en día?

Cada persona que ha intervenido en mi vida, para bien o para mal, me ha dejado grandes enseñanzas. Pero se aprende más de las malas porque te das cuenta de las cosas que no hay que hacer. Sería injusto mencionar a alguien en específico.

¿Con qué escritores te gustaría hacer una colaboración?

Creo que ya lo he hecho. He tenido el honor de compartir textos con escritores increíbles como Victor C. Frías (México), Natalia Carnales (España), Roxanna Yepez (Venezuela), Natalia Tintas (Chile), y Vecca Preetz (Argentina). Además, he tenido la oportunidad de participar en antologías junto Feliciano Navarro, Emilio Bevilacqua, Ariel Mestralet, Maria Florencia Rodriguez, Gabriel Romero, Nicolas Di Bartolo y Hugo Frankenstein (Argentina); Martín García Pedraza y Fernando Villaseca (Chile) y Albert Blazquez (España), así como con los miembros de La Logia Oscura, que es un colectivo costarricense que reúne a los mejores escritores de terror del país.

¿Cómo describirías tu conexión con los relatos de terror?

Ninguna historia ha nacido de cero. Todas están inspiradas en casos o situaciones, tanto personales como de familiares y amigos, lo que me ha permitido sentirlas como propias.

Jonathan Cordoba Fallas Escritor

Jonathan Córdoba Fallas

Jonathan Córdoba Fallas «Jönas», es un escritor costarricense del género terror. Su carrera como escritor comenzó en 2019 cuando autopublicó su libro El Libro de Jönas y a finales de ese año presentó también Relatos de Terror en Lugares Ordinarios. En 2020 salió a la luz El Tercer Libro y en 2021 El Terror Nunca Estuvo Tan Cerca. Su última obra El exorcismo de Hortensia Harrison y otros cuentos se publicó en 2022. Sus obras son compilaciones de relatos que abarcan todos los subgéneros del terror.

Jönas es un escritor independiente y se encarga de toda la producción, promoción y distribución de sus libros. Pertenece a un colectivo internacional de escritores llamado «Escritores del Mundo» que agrupa autores de México, Argentina, Chile, España, Venezuela y Costa Rica, donde ha participado en la antología de terror «Relatos de Año Muerto». También forma parte del colectivo costarricense La Logia Oscura, con quienes ha participado en dos antologías.

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