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10 microrrelatos de terror para leer en Halloween

Para celebrar Halloween escribiendo, Ediciones Glasgow lanzamos por Instagram un Concurso de microrrelatos de terror que duró dos semanas y cerró con mucho éxito el 15 de octubre. Con una dinámica de Ganadores por Likes, escritores independientes participaron con sus historias, y la comunidad lectora les dio su voto.

¡Te invitamos a conocer los microrrelatos ganadores y a seguir a los autores en sus cuentas de Instagram! Además, puedes apoyarlos GRATIS compartiendo el enlace de esta publicación en tus redes sociales y con todas tus amistades que aman leer terror.

¿Cuál es tu favorito? ¡No dudes en decirnos en los Comentarios!

La puerta blanca | Juan Diego Gutiérrez

Microrrelato ganador con 117 votos

No sabía por qué estaba caminando en este lugar, solo recuerdo que cuando abrí los ojos se encontraba a la par un sujeto muy sonriente y barbudo dándome la bienvenida.

—Ven, acompáñame, alguien quiere verte —por más extraño que me pareciera, decidí seguirlo, pues generaba confianza.

Las razones y preocupaciones que abundaban en mi cabeza se estaban desvaneciendo, ya daba igual, solamente lo estaba siguiendo. Este lugar era todo blanco y dorado, y la música que se oía mientras caminaba junto al señor era muy… celestial; por una ventana, noté al caminar un jardín bellísimo, me dio un sentimiento de tranquilidad.

Dentro del lugar veía otras puertas, de donde salían personas algo peculiares. La verdad, no sabría cómo describirlas pero, de igual forma que con el señor de prominente barba, me generaron un sentimiento de serenidad.

Dentro del pasillo notaba muchas ventanas, observé cierta cantidad de personas de buen vestir en las afueras del jardín, por lo que concluí que dicho lugar debía ser muy grande. Me pareció extraño, pero vi a alguien que me pareció conocido, pero esto no podría ser cierto porque…

—Ya llegamos, alguien te espera —oí que me decía el señor, provocando que se me fuera el pensamiento. Decido extender el brazo hacia la puerta, soltando una sonrisa, lo que por alguna razón me provocó tranquilidad.

—¿Quién me espera? —le pregunté perpleja ante esa extraña invitación.

—Lo sabrás cuando entres.

No sabía quién se encontraba detrás de esa puerta blanca, pero por alguna razón sentía curiosidad por entrar, solo que cuando pretendí no pude, me empecé a sentir diferente, todo el lugar se revolvía a mi alrededor, volví a ver al señor barbudo, debo reconocer que un poco asustada, empezaba a cerrar los ojos.

—Tranquila, hija mía, vendrás de nuevo cuando estés preparada.

Volví a abrir los ojos, me encontraba postrada en una cama, rodeada de una buena cantidad de doctores, no podía hablar todavía, pero sí me era fácil escucharlos.

—Señorita —dijo el más alto de ellos— soy el doctor Ramírez, debo indicarle que usted sufrió un accidente que la mantuvo muerta por 2 minutos. Para su suerte, logramos estabilizarla, por dicha se encuentra estable.

En mi lecho de muerte | JadeNegroPty

Microrrelato ganador con 58 votos

Postrado en cama, escucho tus pasos.

Tu sombra siempre está allí y el temor se apodera de mí, ¿quién eres?

¿Por qué perturbas mi alma?

He pedido perdón por mis pecados, ¿y has venido por mí?

«No es por ti», contesta.

Estoy aquí para defenderte de quien está detrás de ti.

EL DESPERTAR | Florentino Hidalgo

Microrrelato ganador con 57 votos

Aquel día parecía distinto, el aire olía dulce, los pájaros cantaban tristes.

Se preparó como siempre lo hacía, dio un beso a su madre y se marchó hacia la escuela.

En el caminó recordó su vida, pensó en sus familiares, y una última lágrima recorrió su rostro. Este era el punto de no retorno, un oasis de paz entre tanto sufrir… las burlas y el acoso habían destruido su alma.

Cargó su rifle, abrió las puertas del colegio y al fin… les despertó.

LA MUJER MÁS BELLA | Florentino Hidalgo

Microrrelato ganador con 56 votos

Era ella, la mujer más bella. Su piel tan suave como la seda y cabello oscuro como la noche, sus labios de carmín me hicieron soñar con sus besos, con su tacto.

Me miró, y nuestros ojos se encontraron, me sonrió y pude ver entonces su expresión de asombro al observar el puñal en mi mano. Lo intenté, quise perdonarle la vida… pero no pude, era la mujer más bella y tenía que poseerla.

El pequeño Henry | JadeNegroPty

Microrrelato ganador con 54 votos

Al pequeño Henry le gustaba caminar por el pueblo y pasó por un viejo parque, de repente escuchó un melodioso canto: Henry, ven a jugar, Henry, ven a jugar.

Henry no veía a nadie en el parque, se sentó en uno de los columpios y empezó a balancearse. Henry se voltea y escucha los demás columpios moverse. No estaba solo, estaba rodeado de muchos niños. Eran los duendes. Henry nunca volvió a casa y su madre aún lo espera en los columpios.

LA HABITACIÓN DEL NIÑO por Florentino Hidalgo

Microrrelato ganador con 50 votos

Encerrado en el armario de su habitación el niño escuchaba, se tapaba los oídos, pero de nada servía. Su miedo y ansiedad jamás le dejarían, se sentía solo, triste y rechazado, envuelto entre las sombras, las voces que clamaban por su alma.

—¡O vienes con nosotros o me llevo a nuestro hijo! —dijo la madre, llorando—. ¡Te digo que hay un fantasma en el armario!

LA LUZ por Florentino Hidalgo

Microrrelato ganador con 49 votos

El desesperado hombre corría a toda prisa, agitado miraba hacia atrás en busca de aquello que se había llevado a sus amigos. Sus piernas cansadas no podían dar un paso más, el oscuro bosque se le echaba encima. Se secó el sudor de la frente y decidió continuar.

—¡Señor, ayúdame! —exclamó.

Escuchó un sonido agudo, sus tímpanos casi a reventar. Levantó la mirada y pudo ver aquella nave de metal, abrió su compuerta y la luz se lo llevó también.

UNA PESADILLA por Florentino Hidalgo

Microrrelato ganador con 49 votos

Abrió los ojos, y lo rodeaba la oscuridad. Respiró aliviado, pues notó que se encontraba acostado. «Una pesadilla» pensó, recordando su fiebre, su dolor, su familia llorando mientras el sacerdote daba las honras fúnebres. Intentó moverse, pero no pudo… aún se encontraba dentro del ataúd.

AL BORDE DEL ABISMO | Laura Pérez Reyes

Microrrelato ganador con 28 votos

No veía a sus amigos desde la secundaria y planearon hacer una acampada. Siempre había acampado allí con su familia, le divertía contar historias de miedo alrededor de una hoguera y asustar a algún ingenuo que se uniera. Ya iba a acostarse cuando le llamaron desde afuera de su tienda.

Vio a una niña pequeña, le hacía señas para que la siguiera. Caminaron por el oscuro bosque hasta llegar a un llano escarpado. Al fondo, pudo divisar una osamenta, la niña se había asustado tanto de sus historias que en su ánimo de escapar había quedado perdida entre las sombras.

INFANCIA | Laura Pérez Reyes

Microrrelato ganador con 28 votos

Era su momento más esperado del día, ponía el agua a calentar para el té y buscaba sus galletas favoritas. Sentada en un extremo de la mesa, parecía estar viviendo una película, mientras unas manos arrugadas la guiaban por recuerdos y memorias antiguas.

Ediciones Glasgow Servicio de Edición para Escritores Independientes

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Entrevista a Mauro Solís Hernández – Sinfonía de la Noche

El día de hoy, Ediciones Glasgow entrevista al escritor costarricense Mauro Solís Hernández, autor del poemario Sinfonía de la Noche.

Aunque eres informático de profesión, las letras han estado presentes en tu vida desde joven. ¿Cómo convivieron esos dos mundos tan distintos dentro de ti?

Curiosamente, las letras llegaron antes que la profesión, y aunque pueden ser un poco diferentes, las letras y la literatura me permitieron, y aún me permiten, distanciar ese mundo estructurado de las ciencias computacionales y darle libertad y resguardo a mi ser.

Pero también han trabajado de la mano, pues entre las dos me han permitido ver un poco fuera de la caja, encontrar soluciones a diversos problemas y tener la facilidad de expresar de manera escrita situaciones y acciones que por otros medios sería más difícil.

Sinfonía de la Noche tiene un título muy evocador. ¿Qué representa para ti «la noche» dentro de este poemario?

Sinfonía de la Noche nació como un proceso de purificación y transformación interior, esa «noche oscura del alma», como dijo San Juan de la Cruz; ese tránsito por el vacío aparente y el desprendimiento de todos los apegos terrenales para liberar el alma.

En este poemario, la noche es un sendero del espíritu, que entre sueños y añoranzas sabe que debe caminar y dejar atrás a la luna que jamás alcanzará y todo lo que se es, para poder ver un nuevo amanecer, la noche representa todo aquello que por lo general no queremos ver de nosotros mismos, pero que a la vez llega a ser acogedora y reconfortante.

¿Qué fue lo más difícil de enfrentar al publicar por primera vez una obra tan personal? 

En mi caso, lo más difícil ha sido creer en que lo compartido en la obra pudiera llegar a gustar, tanto por el estilo en el que está construido cada poema como por la manera en que se trata de expresar cada idea y sentimiento.

Creo que es el miedo más fuerte que todos los que publicamos, se trate de la primer obra o tengamos varias ya, sentimos al ver nuestro libro en cara al público, y dicho miedo se hace más fuerte cuando la obra nace de una forma tan personal e íntima en su contenido.

¿Crees que el arte todavía tiene el poder de hacer que las personas se cuestionen a sí mismas? 

Cualquier forma de arte, sea escrita, música, pintura, etc. va a poder llegar a conectar con la persona, de diferentes formas y a diferente nivel, y según donde se encuentren en la vida, siempre va a existir el cuestionamiento a uno mismo, lo importante es encontrar esa forma de arte que nos permita tanto cuestionarnos como expresarnos y, de una u otra forma, hacernos crecer como personas.

¿Hay algún poema de Sinfonía de la Noche que sientas especialmente cercano a ti?

Uff, es difícil escoger, cada poema nació de una situación, de una experiencia. A los poemas de Tarot les he tomado cariño, pues he logrado musicalizar algunos y eso me llevó a crear una historia, pero si he de rescatar alguno, sería «Karma», pues este, por cosas de la vida, en épocas de la Universidad, me llevó a conocer a alguien que se convirtió en una persona muy especial para mí; y «Tormenta y mente», pues paradójicamente me recuerda que las decisiones que tomamos pesan y pueden convertirse en penitencia.

Muchas veces el olvido puede doler tanto como la memoria. ¿Qué lugar ocupa ese concepto dentro de tu libro?

Dentro de Sinfonía de la Noche el dolor del olvido y el de la memoria viven en dos aristas. Aunque cueste verlo de primera mano, el dolor del olvido proveniente de otro duele, como también duele el olvido que tomamos hacia nosotros mismos por perseguir sueños y no querer transitar esa noche del ser; así mismo, recordar a una persona que en su momento significó algo en la vida; también duele recordarse a uno mismo en diferentes etapas de la existencia que se quieren revivir, porque lo que duele no es el pasado, es lo que uno era en ese pasado.

Finalmente, después de este primer libro publicado, ¿qué caminos literarios te gustaría explorar en el futuro?

Las letras han sido parte de mi vida desde un lejano 2003 y creo que, una vez que llegan, no hay vuelta atrás.

Actualmente me encuentro trabajando en un proyecto más enfocado en narrativa, dejando de lado la poesía (aunque no del todo, siempre hay cosas que sacar del alma y solo la poesía lo logra), donde rescato alguna narrativa corta que tenía en el baúl e incluyo nuevos trabajos para expandir las ideas detrás de los escritos rescatados, además de que uno de estos textos va de la mano con algunas canciones desarrolladas con base en algunos poemas, una especie de banda sonora que espero que guste. De momento, son de mi agrado, así que algún escucha espero llegar a tener (mis gustos musicales son particulares, jajaja).

Espero que dicho proyecto vea la luz en 2026 de la mano de Ediciones Glasgow y que lo disfruten tanto como yo al trabajarlo.

Mauro Solís Hernández

Mauro Solís Hernández (1987, San José, Costa Rica) creció en la llamada zona de los Santos, en Santa María de Dota. Informático de profesión, las letras han sido parte de su vida desde joven, entre la mitología, el esoterismo, la religión y la filosofía; su escritura nace del diálogo entre la introspección y el asombro, entre el silencio y las palabras que lo rompen. Sinfonía de la Noche marca su primer viaje publicado hacia la construcción poética de la emoción, el tiempo y el olvido.

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Entrevista al escritor chileno Nicolás Díaz Pérez

El día de hoy Ediciones Glasgow entrevista al escritor chileno Nicolás Díaz Pérez, quien hace poco acaba de publicar su novela de ciencia ficción histórica La Guerra del Cono Sur 1.

Nicolás, naciste en La Serena, pero gran parte de tu vida transcurrió en distintas ciudades del norte de Chile. ¿Cómo marcó eso tu forma de escribir?

A decir verdad, yo creo que poco o nada, pues en ese tiempo aún no desarrollaba la motivación por la escritura. Fue en el año 2011, estando en Calama y todavía en la universidad, el momento en que me puse a escribir por primera vez y creé mi primer saga: Kaipachea. También viví un tiempo en el sur de Chile y en la ciudad de Coyhaique hasta los dos años y de allí me fui para el otro extremo de este país, primero a Antofagasta y luego a Chuquicamata, hasta que regresé a La Serena en el 2004 después de vivir 14 años en el norte grande de Chile.

Antes de dedicarte a escribir, estudiaste Diseño y luego Pedagogía en Historia. ¿De qué manera esas disciplinas dialogan hoy con tu escritura?

Creo que la segunda dialoga mejor con mi escritura, en especial cuando se habla de investigar los distintos sucesos que se han sucedido para comprender el presente o intentar proyectar el futuro, considero hasta ahora la idea de la Guerra del Cono Sur como algo todavía reciente que comenzó a escribirse en los tiempos de pandemia de 2020, aunque solo como un pasatiempo durante el encierro. Irónicamente, en un principio pensé en borrarlo y jamás publicarlo apenas finalizara todo el periodo de pandemia, pero algo detuvo mi mano de pronto, un sentimiento que me decía que esto también tenía potencial al igual que mi primera saga.

Tu interés por la Historia, especialmente por la Segunda Guerra Mundial, parece muy presente en tu formación. ¿Qué aspectos de ese periodo te resultan más fascinantes?

Yo creo que muchas cosas, además de ser considerado el conflicto bélico más mortífero de la historia de la humanidad y que cambió el mundo para siempre tras su fin y su principal consecuencia, que fue la posterior Guerra Fría desde 1947 hasta 1991, abarcando todo lo que el gran conflicto mundial no llegó a abarcar, incluyendo Latinoamérica. Creo que en un principio me llamaron mucho la atención los buques de guerra del periodo y además las innovaciones tecnológicas que se lograron por todos los bandos involucrados, sin mencionar que cada vez se descubren nuevos hechos o cosas antes desconocidas sobre el periodo entre los años 1939 y 1945. Además de las batallas o masacres, en las guerras también suelen suceder muchos eventos extraños e inexplicables que involucran también lo civil y todo eso también lo quise plasmar en mi obra. A eso finalmente hay que añadir las teorías de las realidades alternativas como sucede en la obra de Phillip K. Dick: The Man in the High Castle. Los historiadores también son personas muy críticas sobre los hechos históricos siempre corrigiendo lo que fue real o no, por eso lo mejor era inventar una historia alternativa de un periodo tremendamente oscuro y complicado para Latinoamérica entera, así como sucedió en Dragon Ball Z con el personaje de Trunks del futuro.

¿Cómo describirías tu proceso creativo? ¿Eres de planificar mucho o prefieres descubrir la historia mientras escribes?

Sinceramente yo creo que un poco de ambas, antes que nada hay que señalar que el tema del periodo de la última Dictadura es, en el caso de Chile, todavía algo muy delicado de abordar pasados incluso 36 años en el caso de mi país donde siempre se te tacha de Comunista o Fascista dependiendo de la doble lectura que el chileno siempre suele tener para ver las cosas o encasillarlas según su punto de vista personal con divisiones o heridas que incluso hasta ahora no han sanado del todo, pues para Argentina también ese fue un periodo muy convulso tanto por el Proceso de Reorganización Nacional por lo de la Guerra de Las Malvinas. Por otra parte, como dije anteriormente, las guerras suelen ser eventos muy complejos, son muchas historias distintas en una y allí radicó mi principal desafío: intentar crear una guerra que, aunque ficticia, sea lo más realista posible, además de resumida para el lector, inspirándose en sucesos históricos e incluyendo la existencia de una realidad alterna, además de intentar ser lo más neutral posible en cuando a las ideas políticas sin dejar de lado lo que cuentan las historias reales. He allí todo el problema que se generó al comenzar con la Guerra del Cono sur. La leyenda del Hombre de Taured, sin importar si fuese algo real o solo un Creepypasta, también me inspiró sobre la supuesta existencia de posibles realidades alternativas o paralelas. En el caso de los personajes históricos que parecen, quería recrearlos con sus verdaderas personalidades, por eso no quería hacerlos ver como héroes a los que en realidad no lo fueron.

¿Qué te gustaría que los lectores sintieran al terminar uno de tus libros?

Una pregunta difícil de responder, pues como sabemos las opiniones que se tengan siempre van a ser subjetivas dependiendo de quién sea el lector y de sus tendencias ideológicas. Pero uno de mis objetivos es intentar hacerle ver a los lectores lo que pudo haber pasado si el anterior Conflicto del Beagle de 1977 y 1978 entre Argentina y Chile, que tan poco conocido sigue siendo para muchos, hubiese desembocado en una guerra en serio sin importar las ideologías políticas, ya que hacia allí parecían ir las cosas entonces, además de cómo en el futuro las guerras pueden evolucionar extendiéndose a otros países vecinos como una peste con todas las consecuencias que aquello conlleva, y que en la vida real pudo desatar una hipotética Tercera Guerra Mundial. Hay un refrán que dice: «El que no conoce de historia está condenado a repetirla, mientras que el que sí la conoce está condenado a ver cómo esta se repite, porque los que no la conocen siempre van a ser la mayoría o simplemente no les interesa conocerla». La Guerra del Cono Sur, a diferencia de otras historias, no es de un solo personaje en torno al cual gira toda la obra, sino que son varias historias y personajes distintos en una, tanto civiles como militares que van experimentando en carne propia el conflicto y pese a que soy chileno, intento hacer ver las perspectivas también de otros sobre el conflicto y como debía procurar de no hacer algo tan largo o complejo, incluyendo vocabulario propio de los chilenos, argentinos, etc., no es una obra orientada a menores de edad, sino a un público lector más mayor y maduro, como lo señalé anteriormente, debía intentar resumirlo todo como en el Silmarilion de Tolkien.

Nicolás Díaz Pérez

Nicolás Díaz Pérez, nacido en la ciudad de La Serena en 1985, realizó sus estudios de Pedagogía en Historia, realizando luego un Magíster en Gestión y Liderazgo Educacional.

Sus experiencias vividas en el Desierto de Atacama, además de su interés en la Historia, en especial la Segunda Guerra Mundial, lo han iniciado como escritor.La Guerra del Cono Sur es su segunda serie de novelas, una ficción histórica sobre un conflicto entre Argentina y Chile.

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8 de marzo – Entrevista a la escritora costarricense Gabriela Vindas

Con motivo del Día de la Mujer, en Ediciones Glasgow dedicamos este espacio para entrevistar a nuestra querida escritora Gabriela Vindas, cuyas historias son un nítido reflejo de la resiliencia femenina. Desde ya, te agradecemos por leerla, acompañarla en cada una de sus respuestas y, por supuesto, compartir con quienes abrazan la literatura como ella lo hace en sus novelas.

  1. ¿Cómo nació tu vínculo con la lectura y en qué momento sentiste que querías empezar a escribir tus propias historias?
    La lectura siempre fue refugio. Desde muy joven descubrí que los libros podían explicar emociones que uno todavía no sabía nombrar. Con el tiempo empecé a escribir porque algunas historias ya no me cabían solo como lectora.
  2. Silencios Compartidos fue tu primera novela publicada. ¿Cómo nació esa historia y qué sentiste al ver tu primer libro en manos de los lectores?
    Nació de una inquietud muy profunda sobre los silencios que se heredan en las familias, empezó como un cuento corto que tomó vida. Cuando vi el libro en manos de lectores sentí una mezcla de incredulidad y gratitud. Es un momento que nunca se olvida.
  3. ¿Qué tipo de mensajes o reacciones de los lectores te han marcado más desde su publicación?
    Los que empiezan con «sentí que esta historia hablaba de mí» o «me identifiqué mucho con X». Cuando alguien se reconoce en un libro, ahí es donde la literatura realmente sucede.
  4. En Todos los finales ocurren en junio, exploras la historia de varias generaciones de mujeres. ¿Qué te motivó a centrar la narrativa en un linaje femenino?
    Me interesa mucho cómo las decisiones y las resistencias de una generación afectan a la siguiente. Las historias de mujeres suelen transmitirse en voz baja, y quería darles espacio.
  5. ¿Por qué crees que estas historias siguen resonando tanto en nuestras sociedades latinoamericanas?
    Porque muchas de esas dinámicas siguen existiendo: secretos familiares, expectativas sociales, mujeres sosteniendo estructuras enteras sin ser siempre reconocidas.
  6. El universo femenino aparece en tu obra como un espacio de fuerza, resiliencia y sabiduría. ¿Qué mujeres de tu vida inspiraron esta mirada?
    Las mujeres de mi familia. Las que resuelven todo en silencio, las que sostienen a los demás y las que, a su manera, siempre encuentran cómo seguir adelante. Mi abuelita representa mucho de las épocas retratadas en el libro y mi mamá es el mayor estandarte de resiliencia y fuerza que tengo.
  7. Cuando comienzas una novela, ¿partes de una idea clara del final o prefieres descubrir la historia mientras escribes?
    Normalmente parto de una intuición fuerte, más que de un plan cerrado. El final suele revelarse mientras escribo.
  8. ¿Cómo construyes a tus personajes femeninos para que resulten tan humanos y complejos?
    Intento mirarlos con honestidad. Nadie es solo víctima o solo fuerte; todos tenemos contradicciones, y ahí es donde los personajes se vuelven reales.
  9. Y por último, para quienes recién descubren tu obra: ¿por qué deberían acercarse a tus historias?
    Porque son historias sobre lo que callamos, lo que heredamos y lo que elegimos cambiar. Y casi todos, en algún momento, nos encontramos en ese lugar.

Lee también su relato Las invisibles, publicado en el Blog de Ediciones Glasgow.

Escritora costarricense Gabriela Vindas

Gabriela Vindas

Gabriela Vindas (Costa Rica). 

Nacida el 6 de junio de 1983 en San José, Costa Rica. Publicista de profesión, ha forjado una sólida trayectoria como líder en organizaciones transnacionales, mientras ejerce con orgullo su rol más importante: ser madre a tiempo completo.

En noviembre de 2024, lanzó la primera edición de su novela Silencios Compartidos con su casa editorial Ediciones Glasgow de Uruguay, con la que debutó en el género de la novela corta y logró superar los doscientos ejemplares vendidos en su primer año, consolidando así una cálida recepción por parte del público lector. Silencios Compartidos es el fruto de su formación en escritura creativa y desarrollo de personajes, y del deseo profundo de contar historias que conmuevan, incomoden y acompañen.

En Todos los finales ocurren en junio nos presenta su segunda novela, una historia ambientada en los primeros años del siglo XX y centrada en una familia de mujeres latinoamericanas. Esta obra nace como un homenaje a su profunda admiración por la fuerza, la resiliencia y la sabiduría del universo femenino, una forma de rendir tributo a las mujeres que han marcado su vida de manera profunda y transformadora.

Compra Todos los finales ocurren en junio en Amazon:

Microrrelato de la autora Vanessa Sosa – El jardín secreto

Día tras día la voz del indigente le contemplaba, cuando se entregaba al clamor de los necesitados de amor; en medio de ese mundo colmado de guerra eterna. Sentía piedad por su hambruna, sus miedos y delirios, pues cada día, el olvidado se soñaba ingenuamente rodeado de esa vida digna con la cual no había podido nacer.

Y pese a sus carencias, la voz indagaba en las formas que tenía ese aniñado rostro mientras ocurría el sopor de su sueño, y sobre todo cuando mostraba la gentileza de ese corazón que pretendía contagiar de alegría a sus hermanos y hermanas en su misma condición de despreciados. Esos condenados por aquellos crueles e indulgentes que les gobernaban.


Y cuando en medio de su llanto se atrevía a gritar por ira, frustración y resignación, la voz adquiría fuerza y mudamente lo hurtaba de aquel mundo vívido en la plena agonía. A veces también la voz yacía a su lado cuidándolo, a veces quería ser él, como una forma corpórea con la cual caminaría por los senderos que se abrían ante sus ojos. Pero no era más que una voz venida del clamor de los necesitados de amor.

Sin embargo, esa voz de terciopelo no debía ser más hermosa que el silencio, mas en el silencio moraba, quieta y silenciosa, aguardando el devorar aquella alma que le permitiría vivir día tras día, cumpliendo su razón de ser. Hasta que su tan amado niño, finalmente, fuera uno con la eternidad.

Te invitamos a leer más textos de la autora aquí, en el Blog Colaborativo:

Candil de Pájaros

El heredero y el hijo

Vida por vida

Vanessa Sosa

Mérida, Venezuela (1986). Historiadora del Arte (2018) egresada de la Universidad de Los Andes. Actualmente, ejerce como Bibliotecaria en una institución. Es  una escritora que se considera aprendiz y también autodidacta. Inició en el mundo de la escritura en el año de 2018 con pocos microcuentos y microrrelatos, que transformó después, en relatos más extensos. Se especializa en el género fantástico porque es el que más escribe, sin embargo, considera que hay mucho por mejorar.

¡Ediciones Glasgow te invitamos a seguir a Vanessa en sus redes sociales y enterarte de sus próximas publicaciones!

Cuento de la autora Vanessa Sosa – Candil de Pájaros

Fondo musical: https://www.youtube.com/watch?v=t9-G4YNKNAg

Muy muy temprano la sonrisa de un sueño se desvanece apenas despierto.
Muy muy temprano la sonrisa de un sueño se desvanece apenas despierto.
Muy muy temprano la sonrisa de un sueño se desvanece apenas despierto.

En el instante en que despunta el alba, más allá de lo evidente, entreabro mis doce ojos y doy gracias a Dios por esos regalos de sueños pasteles que devoraron las pesadillas de mi consciencia, durante mi vigilia de luz de triada de Lunas crecientes.

Para una niña cierva, que fabrica manualidades con basura reciclada, ya alumbrada por la inocencia que despide un trino avispado, desde un firmamento edificado, es sumamente agotador tejer pedazos del suelo que piso.

Esas carcajadas, de cuadros de ternura viviente, que se agolpa en mis gargantas mentoladas y como sal de uva, al encontrar a mis hermanas, abre mis astados corazones a una nueva enseñanza. Debo ser prudente si quiero sorprender a L’thran Albeyran.

Rezo por las almas que descansan las historias de cuentos de hadas, de ese príncipe de los perfumes de tiempos pasados, o el Tazyqlobresia Anmursyaji, que hace muchos muchos siglos desposó a las cicatrices de una regente. Ella lo condenó a vagar con una  luminaria coronada en el centro de su frente, y, para siempre estará perdido en sus propias fantasías de ébano y marfil .

Fui prometida al príncipe durmiente, nada más nacer. Todas nosotras somos sus más devotas musas. Somos sus lirios de plata, candores para su reposo. Jamás seremos tocadas por su virilidad pero, y en un solo pero, miraremos su rostro en nuestros núcleos de vida; alimentaremos su leyenda a partir de la palabra encomendada, por la venia de este país de crudas promesas.
Me abro paso con fulminantes besos por la piel de nuestra casa de té.

La novia sombra me saluda, y con devoto sigilo, me adentro por el resto de lo que llamo la mejor aventura de mi vida inmortal.

La novia sombra me saluda y, con prudencia de Amor, me adentro por el resto de lo que llamo la mejor aventura de mi vida inmortal.

La novia sombra me saluda y, con encarnada esperanza, me adentro por el resto de lo que llamo la mejor aventura de mi vida inmortal.

En el lago de cristal, que respira detrás del patio de mi Abuela, solemos pescar tizas y gises de colores. A veces gatos con patas de conejo o camellos con treinta y tres maneras de vestir un velo con pinta de lunares de estrellas. Ella ríe con nuestras bromas de Do-La-Li-Re-Fu y nos insta a descargar el huerto con nuestras herramientas de juguetes.

Devoré las bayas soles que cuelgan en los portales de nuestras puertas, até en mi tobillo una pulsera de los listones con los que adorno a mis muñecas. Ellas me cuentan los secretos de las hormigas, el vuela pluma de las catarinas y los deseos de las termitas. Nos llevamos bien, aunque a veces, las regaño por no revelarme los tesoros que esconden las cucarachas en los escondrijos más ocultos de la cocina.

Ay, mi Abuela. Ella, y sólo ella, colorea nombres en nuestras mejillas, para que no nos consuma la planta de nuestros pies, el salvaje que reparte candiles de pájaros en las madrugadas de este país de espíritus vivientes. Ellas, las mejillas que serán besadas por el caballero que cabalga este mundo, y las nobles madrugadas, sonrosadas por las palabras que le otorgan las preciadas nocturnas amadas, se adornan con flores de navidad.

En las níveas hebras de la testa de la nona reposan flores con aroma a popurrí: celestes, amarillas, rosadas, lilas; mueve esos sus pétalos cuál mariposas, en los días de un verano del hielo y escarcha que sólo toca al poblado más allá de las quejas de los corteses aldeanos.  
Al atardecer se van a dormir con un oso melindroso, que tararea baladas, con una guitarra de lana fina. Nuestro amigo oso o Vulrapo Khin come toda la miel de los árboles, y a veces por eso, el té de nuestras tazas nos resultan algo amargo por las fantásticas hierbas que, recolectamos al anochecer. Entre bailes y maromas. 

Mi vestido son husos horarios. Me visto de tiempo, de espacio, de génesis. De matrices con aroma a serpentinas. Esas, y sólo esas, con las que se adornan todos los cumpleaños, en los que arrompamos a nuestra bestia, son mis principales protagonistas. Las bestias que nacen, tras pedir el más excelso deseo, al soplar las velas de un bonito pastel elaborado con las más amorosas manos.

En el instante en que están agotadas, por la incertidumbre que el día asume sobre su piel, como un resfriado, se desperezan y edifican otro montoncito de ropajes y mantas con las que lloran las lágrimas de las más dulces rosas. Sé, por boca de la canción de cuna más antigua, de una rosa que condenó las promesas de las bestias, los gorriones, los soldados de plomo y la pareja de enamorados de un insólito universo, que acudieron a ella por una oportunidad para amar.

Esa es otra historia, por supuesto.

En este relato, este y sólo este, pronuncio mi existir, con la amalgama de posibilidades que brotarían de decorosos besos, que manan desde risas de musas del bosque, con las que me río y canto y bailo, para esperar a mis orugas felices. Mi tempestad de acuarelas. Mi candor de lentejuelas. Y sobre todo, a ese regente al que jamás podré verle el rostro escondido tras un velo de tul y tafetán.

Sólo soy una niña. Una niña que edifica castillos de arena, que viaja con su volátil avión de cartón y madera, brillantina, gomaespuma y crayolas de cera; la misma niña que se adentra en las asombrosas aventuras, de amigos imaginarios, a los que observa partir hacia los brazos de los que serán la razón de sus suspiros, de su porvenir y su dicha.

Y tanto ellos, como yo, volamos hacia historias, cuentos, mitos y leyendas de Por Siempre Jamás. Canciones de Cazadores de Jaulas de fuego y Plomo. Mis Nunca, son Nuncanoches, la existencia de los Nunca Jamás de los Jamases, son Naciones de Guerras por Naciones de Juguetes; almendras con azúcar con las que unto tus dedos y leo el futuro que te aguarda.

Risueña, valerosa, soy una memoria de fuego fatuo, una comunidad en prosa.

Me llamo Ithsimil y soy la Emperatriz del Sueño Eterno.
Me llamo Ithsimil y soy la Sagrada Memoria de los caídos .
Me llamo Ithsimil y, a ti, te otorgo con cordialidad, un arropo de Paz.
Me llamo Ithsimil y soy tu Hija.
Me llamo Ithsimil y soy tu Hermana.
Me llamo Ithsimil y soy el Espejo de tus Deseos.
Me llamo Ithsimil y soy la Emperatriz de las Rosas, que otorga la felicidad, a los más afligidos.

Me llamo Ithsimil.
Me llamo Ithsimil.
Me llamo Ithsimil.

Ithsimil y soy, soy, soy las Historias Interminables de tu propia creación.

Te invitamos a leer más textos de la autora aquí, en el Blog Colaborativo:

Melodías para Desconocidos y Puertas Dormidas

Pimientas de niebla; Delfines de Plata

Los mártires no saben nadar con salvavidas

Vanessa Sosa

Mérida, Venezuela (1986). Historiadora del Arte (2018) egresada de la Universidad de Los Andes. Actualmente, ejerce como Bibliotecaria en una institución. Es  una escritora que se considera aprendiz y también autodidacta. Inició en el mundo de la escritura en el año de 2018 con pocos microcuentos y microrrelatos, que transformó después, en relatos más extensos. Se especializa en el género fantástico porque es el que más escribe, sin embargo, considera que hay mucho por mejorar.

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Relato de la autora Vanessa Sosa – Los Mártires no saben Nadar con Salvavidas

«Tus ojos, lágrimas y rezos me protegen. Devastadora Ilusión. Demencia durmiente de mis albores de seda. Soy uno contigo».

En la recámara de mis huesos astados, persiste el eco, que confabula a los solariegos de mis entrañas. Quiera Él que ejecute lo desbocado. Quiera Él que monte el mundo desde estos predestinados ejes cardinales. Esa mantra que no abandona a mis testas de cristal.

Doy un sorbo a tu savia vitae, tan azul como un firmamento que reverdece en lo pútrido que reviste las pieles sumisas de las criaturas que parí. Trecemesinos. Soy el amado. Persisto en la línea de la vida; rebeldía de las colas de cerdo que asoman en cada santificada pared de su existencia.

Abro el armario del magnánimo; beso su miembro; unto su anatomía y lo abrigo con las cortinas que brotan de mi velo. Los gusanos de seda, juegos en mis hombros; él se retuerce. Tú me visitas desde el centro de mi existencia. Me susurras al oído que no renazca en el miedo que perdura entre nosotros.

En el hoy que es hoy. En el mañana que es mañana. En la tarde que es tarde recito tus génesis. Persisto en el éxtasis. Las visiones, los heraldos de Amor por amor a mis moradas. En esta vez veo a un edificio sonriente, beso el ectoplasma de tu anatomía. Terso tu ombligo y devoro los restos que me ofrece. 

Suena la campanilla de plata que cuelga de mi cintura, junto a lo curtido de mi athame y las tres cabezas cuyos labios son la delicia de mi reino interior. Textuales son las apariciones que entreveo en el ojo de mi edén. Tiento al orgullo, redirecciono tus principios ante el poniente. Enfrasco recuerdos dentro de recuerdos, dentro de recuerdos. Trabajo para tu causa.

En mi morada, el velo que me arropa te envuelve. Mi desnudez perpetua por tus noches de esmeraldas. Soy el principio del fin. Ente silente de tus abismos de nácar. Estoy aquí, ahora. En el ayer, hoy, mañana. Te busco, te anuncio; resuena tu voz en mi testa como el trueno dentro de un trueno de tambores de escarlatas.

Danzo en mis sueños para ti. Mis suelos de mándalas redescubren nuestros principios y fines. Un espectro. Las notas que perlan tus ojos y las cuentas con las que perdono al dios astado sólo huyen ante mis almas de piedras preciosas.

Alzo mi cabeza. Te veo. Te escudo. Te anuncio. Hoy te venero. Hacemos el Amor en nuestras memorias. Mentes pasadas, presentes, futuras. Escribo a tu conjunción de astros, delato tu existencia. Mis rostros pintados con el lema de tu protección me dan una razón para existir.

Soy el astado encerrado en esta anquilosada anatomía. Un instrumento de tu paz. De tu hegemonía. 

Una pulga, jején, ladilla, gusano, piojo que raya con delicias de susurros. 

Una pulga, jején, ladilla, gusano, piojo que entona los cánticos con los que estremeces mi existencia demolida.

Una pulga, jején, ladilla, gusano, piojo que se escuda en el centro de mi pecho como crecientes lunares.

Nuestros amatorios ecos liberan al universo. Montamos el mundo con tu voz y mi existencia destellada, amistad entre las liendras de nuestras cabezas. Principios y fines desolados. Un vientre distendido me anunció en forma de cuentas de lluvia.

Genuino sonido de maracas. Envalentona la búsqueda entre nuestras etéreas corporeidades. Nuestra etérea corporeidad hace el amor con las estrellas. Hacemos el Amor con el sigilo que pintamos con henna en nuestras ramas.

Gris verdor en mis muñecas. Rosadas mejillas en las estelas de mis brumas. Ejecuto tu monólogo de hambre. Revisto al regente de mis sueños. Ese al que siempre puedo soñar en mis sueños con aroma a chinches sobre plumas de cisnes y gansos. Soy el oro, mirra y tafetán que enarbolo y atisbo ante el altar de tu presencia.

Sólo soy el instrumento de tu homónima paz. Una perla de tu luz. Creciente lucero de la mañana.

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El heredero y el hijo

Vida por Vida

Monólogo de hambre

Vanessa Sosa

Mérida, Venezuela (1986). Historiadora del Arte (2018) egresada de la Universidad de Los Andes. Actualmente, ejerce como Bibliotecaria en una institución. Es  una escritora que se considera aprendiz y también autodidacta. Inició en el mundo de la escritura en el año de 2018 con pocos microcuentos y microrrelatos, que transformó después, en relatos más extensos. Se especializa en el género fantástico porque es el que más escribe, sin embargo, considera que hay mucho por mejorar.

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Relato de la autora Vanessa Sosa – Destino pintoresco

Mariposa que tejes tu telaraña de lustrosas lentejuelas; derramas lágrimas de Do-MI-La-Sol por causa de esos recién decapitados, esos con cabeza de botones de apesumbradas serpentinas.

A-E-I-O-U

Persisten en sus entrañas, de juguetes de madera, en mis recuerdos; ellos son algodón de azúcar mentolada. Rigor mortis de mis vendadas muñecas. Un abecedario destinado a los ciegos; mis ojos de vidrio, que vislumbran lo invisible y canicas con pasteles marmoleados, te desean un amistoso domingo; pan de firmeza cebada y vino de prudente cereza.

A-E-I-O-U

La serigrafía de estos angelados arcoiris; en tus cosmos de risotadas cadavericas, parten desde el vidente de tus ombligos hacia tus testas desgarradas, con espinas de notas musicales, con peines de pescados.

A-E-I-O-U

La majestad del círculos cardinales de tu lecho, tres tristes tigres mutilados, son noticias en períodicos de otroras refulgentes pasadas vidas y asfaltadas entrevías.

A-E-I-O-U

Soñadora es señal de las avenidas de tus escombros; de velas aromáticas; un roñoso silvano espectro de verbo acusativo. Poseo a las articulaciones sencillas de tus congéneres. Presente, pasado y futuro: en un conjunto de DO-Re-MI-Fa-Sol.

A-E-I-O-U

Un cifrado mensaje escrito en el cristal de una botella de coloridos génesis; de coreolis y sal de mar, de perfilado marfil y ebános sonrojados por las ácidas lluvias. Esas que rompen y recomponen a tu jaula interna; tus ahuesados principescos.

A-E-I-O-U

Quiénes te buscan, encuentran un destino pintoresco. 

Bodas de Oro.

Quiénes te buscan, encuentran un destino pintoresco. 

Lirios de Plata.

Quiénes te buscan, encuentran un destino pintoresco. 

Candelabros de Bronce.

Quiénes te buscan, encuentran un destino pintoresco. 

Colmena de Cobre.

Quiénes te buscan, encuentran un destino pintoresco.

Sillones de Acero.

A-E-I-O-U

DO-re-La-SOL

MI-Fa-RE-RE-Si.

FA-fa.

LA-Si-RE-LA.

DO-MI-DO.

Re-Re.

Vuelo de Papagayo.

Trompos de Golondrinas.

Piel de Cordero.

DO.

Re.

Mi

FA.

Sol.

LA.

Mi.

Re.

do.

A-E-I-O-U

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Monólogo de hambre

Melodías para Desconocidos y Puertas Dormidas

Pimientas de Niebla; Delfines de Plata

Vanessa Sosa

Mérida, Venezuela (1986). Historiadora del Arte (2018) egresada de la Universidad de Los Andes. Actualmente, ejerce como Bibliotecaria en una institución. Es  una escritora que se considera aprendiz y también autodidacta. Inició en el mundo de la escritura en el año de 2018 con pocos microcuentos y microrrelatos, que transformó después, en relatos más extensos. Se especializa en el género fantástico porque es el que más escribe, sin embargo, considera que hay mucho por mejorar.

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Relato de la autora Vanessa Sosa – Pimientas de Niebla; Delfines de Plata

Mi mano endiosada sesga la primera línea de la voz, voz que en decoro insta a los ciervos de céramica a pastar en esta primavera que ríe, que se asusta tan sólo al encontrarme frente a los monarcas vestidos de astros con su piel de asno comandada por lustrosos lirios y vírgenes acuarelas; un golpeteo escuda las cuchillas de mis ojos azules y grises. Heterocromia de universales sollozos. Entre tus brazos, noto un renacido lienzo que pinta solitario su propia historia. Entreveo la remembranza de los oseznos que pastan en el entremedio de la mansión que te custodia. Los espectros que se estremecen con la burla de tu presencia.

Juegan con agudos maromas, sus preseas de rocío bañan con husos horarios el centro de mis guirnaldas de piedra; ¿qué es un sinónimo de capullo sino es una flor de tomate de árbol? Un río de mensajes revienta las entrañas repletas de pasteles de carnes y verduras arropadas por tus dedos.

Trino en ultramar, y, respondes desde la lejanía con una canción que no es canción sino magma de juguetes con sabores a pimienta y atardeceres diurnos. Jazmín e Hibiscos plurales, emerguen desde mis uñas depuestas de revés.

Mis denarios de aborígenes labrados con muñecos de construcciones etéreas, pernoctan en el rito del alba que me impulsan a parir una idea plateada, libros de violáceos abismos; cicatrices de carmín de desangelado oro en mis arquitecturas fantasiosas.

Los ejes de mis cabezas duelen, los cuatro puntos cardinales gobiernan mis principios y mis fines. Turnos regentes troceados al cantar rosados poemas tejidos; cubos de tela con los que edifico oraciones de agraciadas novenas.

Quisiera ser un pájaro para sanar las heridas con aroma  a dolores solariegos, que entablan el zigzagueo de tus colas, el zigzagueo de tus colas. Una, dos, nueces veces nueve. Un pergamino halado convida la historia interminable de mi familia, esa con aroma a salvaje a decorosa rosa. Esa rosa con pétalos virgenes que nos llama cada día desde un planeta árbol vivo. Una luna de hueso, un vestido, un vestido, un vestido de significados de primigenias cejas.

Soy. 

Soy.

Soy.

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Vida por Vida

Monólogo de hambre

Melodías para Desconocidos y Puertas Dormidas

Vanessa Sosa

Mérida, Venezuela (1986). Historiadora del Arte (2018) egresada de la Universidad de Los Andes. Actualmente, ejerce como Bibliotecaria en una institución. Es  una escritora que se considera aprendiz y también autodidacta. Inició en el mundo de la escritura en el año de 2018 con pocos microcuentos y microrrelatos, que transformó después, en relatos más extensos. Se especializa en el género fantástico porque es el que más escribe, sin embargo, considera que hay mucho por mejorar.

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Relato de la autora Vanessa Sosa – Melodías para Desconocidos y Puertas Dormidas

«Esta rosa del desierto llama a la lluvia. Quien venera su presencia, acude como un condenado a sus melodías. Cada uno de los pasos que lo acercan a mí es una llamada de paraísos primigenios pese a que desconozco si lograré encontrarlo entre mis brazos para siempre. Aún perdura su estampa en este corazón que arrastra todas mis ilusiones. Mis huellas a ópera silente; porque no hay espíritu que lo pueda invocar y traerlo hasta mí».

Sus palabras susurran delineados a sol de invierno y nieve de verano. La habitación produce que su corazón latiera y lagrimeara, sin derramar una lágrima alguna. Reparte una caricia entre los barrotes; la jaula no está oxidada pero reposa en matiz bronce. Ahí perduran sus memorias. El cofre en que las ha sepultado resuena música. Melodías que silban una La crecida, que delinean un Re escrito con hilares de lana. Las Mi que hechizan los dedos que tocan sus hoscos rostros; esos revestidos con vidrioso orégano y laureles circunspectos. Delimita una forma de prestarle los ojos de sus manos. Vislumbra las alineaciones de los astros que pecan de inocentes.

El abrigo de sus rezos calma los sollozos del genuino imberbe con aroma a condenado; él matiza la arena con la que le calienta los pies. El orgullo de sus crímenes, signos de bosques y triadas de metal, esos que esgrimen una venía a sus denarios de dientes de leche y huesos de cimitarras; pigmentados con tinta indeleble para siempre en un pozo de ríos de paraísos sin final.

Él presta a callar sus sentires; él imprime sus huellas dactilares en un esbozo que musita un esgrimido de hazañas y recodos de piedras en el centro de su vesícula. Tiene hambre y viste de espejismos y cayenas. Ofrece café de uvas; pastel de zanahorias y ciruelas pasas que pastan con el rencor de las palabras mudas que se elevan, se elevan, se elevan con el futuro de los céfiros y el humo de adviento que hace el Amor con sus delicadas promesas.

Él abre la jaula. No persiste el juicio que lo condenó a vagar en la realidad sin siquiera moverse. Sus dedos se mueven, tejen un lagrimeo de lilas y árboles de lima. Las naranjas que crecen en su interior, que pare de vez en vez, de vez en vez, de vez en vez retienen los rostros infantiles de sus vástagos. Edifican pilares, consciencia con aroma a popurrí. Seda de huesos de besos. Desde el secuestro escriben una historia interminable; venenos y antídotos han trinado y sesgado a sus dominios; derrite a la razón de sus suspiros. Retira la sentencia en las nocturnas haladas que pregonan juntos; cada vez que abren las alas. Cada vez que fotografía su anatomía y la borda en el centro de su ombligo. 

Cada tanto que cuenta el tiempo que anda y, con anhelantes rezos, describe a la fantasía justo a su sangre y altares. A él acude cada vez que se equivoca en las lecciones. A él confiesa sus dolencias; la magia punza y retiene lo poco de cordura que les queda. Comparten el lecho de plumas y piojos de ganso. Sobre ellos crecen flores cristalinas; la fiereza de sus voces al llamarse sin palabras hiere a sus engaños. Jamás se abandonarán el uno al otro, el otro al uno, el uno al dos. 
Ambos son prisioneros y verdugos de su Amor, melodía decorosa que viste a la tumba de sus hilos rojos del Destino y muñecas con aroma a Sol. El otoño crece entre sus ramas: un firmamento anhelante de sal de mar. Un sueño que repite su ciclo de principio a fin con vestigios de cisnes y cigüeñas hechas de tejidos de papel. Hiela una brizna y recita la buena nueva de su historia en estos aquí y estos ahora.

Amor y dolor. Duermen y sueñan con ellos mismos; sueños de dulces cunas. Se anhelan, se quieren, con etéreo valor. Se anhelan, se quieren, con etéreo valor. Se anhelan, se quieren, con etéreo valor. Un lamento de sus ecos alcanza a rasgar el silencio que escuda sus penas que aguardan ante como monolitos colgantes de pies descalzos; ellos se abrazan, aún en la distancia. Ellos hacen el Amor siempre entre desnudadas pérdidas y reencuentros de crueldades magnánimas, tan sólo son dos soñadores radicales que se anhelan; tan sólo el firmamento y el mar que se llaman entre los bordes del tiempo. Están ahí, y se desmoronan, similares a un leve susurro; a un encanto. Un sagrado sueño que los unifica y en el que se buscan sin siquiera conocer sus nombres verdaderos.

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El heredero y el hijo

Vida por vida

Monólogo de hambre

Vanessa Sosa

Mérida, Venezuela (1986). Historiadora del Arte (2018) egresada de la Universidad de Los Andes. Actualmente, ejerce como Bibliotecaria en una institución. Es  una escritora que se considera aprendiz y también autodidacta. Inició en el mundo de la escritura en el año de 2018 con pocos microcuentos y microrrelatos, que transformó después, en relatos más extensos. Se especializa en el género fantástico porque es el que más escribe, sin embargo, considera que hay mucho por mejorar.

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Relato de la autora Vanessa Sosa – Monólogo de hambre

En esta celda en la que repaso tus huesos, tu carne astada, una rueca hila mis sentencias y cascadas. De benevolentes pieles de estrellas. 

El gusano jugó conmigo una carantoña etérea, con ella hendí mi propio abismo, urdí  un grimorio y te vi, sin una de tus cabezas depuestas.

La bala atraviesa su piel en el perfil del escamado corazón. La bala entona una balada de ídolos taciturnos.

Sumisa perla en la que pasto tus mejillas, dosificados pensares, medicinas endulzadas con hiel de menta, veneno para las hadas; colgada su piel  desde la cintura de verídicos poemas.

Un Sumidero invoca mi nombre; no puedo derrotarlo a la distancia. La caja de música en la que reposo y bailo, envuelve la morada de la pulga a la que sirvo.

Tú, en cambio, bailarina de papel de seda, fosforecencia con aroma a incienso y lustrillo, susurras lo mucho que te amo. Entonces vislumbro tus ojos de botones de esmeraldas, y, con impulso férreo, recito polen y gamuza ante tus manos; produzco la tersura de tus rostros.

El hambre, la sangre que pulsa dormida en mis venas, me insta a parlar con soliloquios pues en mis más excelsos sueños de suelos de cantos rodados, sueño con abrirte como una flor.

Y devorarte.

Vanessa Sosa

Mérida, Venezuela (1986). Historiadora del Arte (2018) egresada de la Universidad de Los Andes. Actualmente, ejerce como Bibliotecaria en una institución. Es  una escritora que se considera aprendiz y también autodidacta. Inició en el mundo de la escritura en el año de 2018 con pocos microcuentos y microrrelatos, que transformó después, en relatos más extensos. Se especializa en el género fantástico porque es el que más escribe, sin embargo, considera que hay mucho por mejorar.

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